Canciónes Para Flotar

Finalmente, después de varios días, encontré el espacio mental para escribir una nueva entrada del blog. No sé bien qué decir para cautivar al lector en las primeras líneas. No puedo ordenar mis pensamientos hasta que los escribo, así que vamos a descubrirlo sobre la marcha. Voy a hacer lo posible por capturarte.

Escribir una canción requiere mucho silencio. El otro día me senté unas horas en la biblioteca buscando un buen estribillo. En este momento me estoy enfocando en producir algunas canciones en español para sumarlas al repertorio.

Y elegí esas palabras a propósito: buscando. Porque en realidad no siento que estas cosas se me ocurran a mí. Con el tiempo llegué a la conclusión de que somos simplemente canales para cosas que ya existen. Ser creativo es un acto espiritual, y cualquiera puede hacerlo. 

Muchas veces los artistas hablan de su proceso creativo como si fuera una experiencia épica, casi cinematográfica, donde un rayo de luz cae sobre ellos —los elegidos— para traerle magia al resto de los mortales. Como si la inspiración estuviera reservada para un grupo selecto de genios.

¡Tomá! Ahí tenés el misterio de la creación. Bueno... no te dejes engañar, no es para tanto. Al menos, desde adentro no se siente así.

Para mí, simplemente se trata de sentarme en silencio. No siempre necesito un piano; con una birome y un papel alcanza. Prefiero sacarme de la ecuación.

Creo que escribir canciones tiene más que ver con recibir que con crear. La creatividad, en general, nace de permitir que las cosas sucedan en el presente. Es muy común para mí escribir canciones en la ducha o mientras salgo a caminar.

Hay mensajes que están destinados a ser transmitidos, nos guste o no. A veces llegan con forma de canción, y si tenés la suerte de estar en sintonía justo en ese momento, vas a poder atraparlos.

Eso no significa encerrarse y aislarse del mundo. No estoy hablando de meditación; no soy muy fan de esas cosas. Lo que quiero decir es que hay que vivir mucha vida. A veces tenés que salir ahí afuera a "pescar los peces grandes", como decía David Lynch. Generalmente es algo hermoso, pero también puede convertirse en una pesadilla. A veces estos mensajes se sienten como la acidez: te torturan hasta que lográs plasmarlos correctamente.

Por eso acepto la propiedad intelectual de mis canciones, pero no me llevo todo el mérito. Quizás también por eso nunca conecté con ciertas formas de hacer música: ¿cómo podrías crear algo que conmueva a la gente cuando hacen falta cinco personas para escribir un estribillo de tres líneas? Imposible.

Por eso sigo buscando el silencio. Y creo que, en un sentido figurado, todos también lo están buscando. No sé cuántas personas estarán leyendo este blog en este momento, ni cuántos de mis oyentes escuchan las canciones hasta el final —probablemente no muchos—. Pero percibo que se acerca un gran cambio que podría llevar mi música más lejos.

Hasta ahora, encontrar fechas para tocar fue un desafío enorme, la verdad. Todo el tiempo me dicen que la gente quiere escuchar algo que ya conoce, que mis canciones son muy raras o que simplemente no encajan con el estilo del lugar.

Mi música es para todo el mundo, y me gustaría tener la oportunidad de demostrarlo. La gente tiene hambre de sentido, de algo real y humano. La emoción es energía cinética: mueve a las personas fuera de sus cabezas y las despega de las pantallas para devolverlas a la vida que siempre tuvieron. Me encantaría aportar a eso, haciéndolo a mi manera.

Quiero que mis canciones floten.

May H.

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